El reino de Dios

3 декабря 2014
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El reino de Dios.

Jesús anuncia que el reino de Dios ha llegado, sin embargo, ningún fenómeno visible lo ha puesto de relevo.

Anuncia a sus discípulos que a partir de ahora el cielo está abierto y que entre el cielo y la gente existe un contacto permanente.

Anuncia que no hay que alejarse de los bigardos y libertinas, que ellos no son culpables, que son culpables sólo los que piensan que ellos son buenos porque cumplen con la ley de Dios.

Anuncia que la limpieza externa no es lo necesario, que sólo es desagradable lo que sale de adentro, lo que purifica el espíritu.

Anuncia que no hay que cumplir con el sábado, que este cumplimiento es una tontería y una calumnia, que el sábado es una estipulación humana.

Anuncia que las ayunas no sólo no son necesarias, sino que los ritos antiguos son perjudiciales para la doctrina.

Por fin anuncia que no es necesario servir a Dios con sacrificios, que no son necesarios ni los toros, ni las ovejas, ni las palomas, ni el dinero, que no es necesario siquiera el templo; que Dios es el Espíritu, que él no quiere víctimas, sino amor, que a él hay que servirle con todo, siempre, en todo lugar, con el espíritu y con las acciones.

Al escuchar y ver todo esto, los fariseos se acercaron a Jesús y comenzaron a preguntarle que cómo es que él, al negar a Dios, profesaba el reino de Dios. Y él les respondió: — El reino de Dios tal como yo lo profeso, no es como los profesaban los profetas anteriores. Ellos decían que Dios vendría con diferentes fenómenos visibles; yo me refiero al reino de Dios que no se puede ver con su aparición. “Y si a ustedes le dicen que el reino ya ha venido o vendrá, o que está aquí, no le crean. El reino de Dios no está en el tiempo y no está en ningún lugar; éste es como un relámpago que se ve aquí, allá, por doquier y no tiene ni tiempo, ni lugar, porque él está dentro de nosotros”.

Y una vez escuchado esto, el fariseo y jefe hebreo Nicodemus, se acercó disimuladamente a Jesús y le dijo: “Tú enseñas que ha llegado el reino de Dios y que él está dentro de nosotros, pero no ordenas desayunar, sacrificar; destruiste el templo. ¿Cuál es entonces tu reino divino, dónde está?” Y Jesús le respondió: — “Comprende tú, si el hombre está concebido por el Padre de Dios, entonces él verá el reino de Dios”. Nicodemus no entendió lo dicho por Jesús de que cualquier hombre estaba concebido por Dios, y dijo, además: “¿Cómo puede un hombre, si él está concebido por la encarnación del padre y después envejeció, meterse de nuevo en el vientre de la madre y de nuevo concebirse por el espíritu, es decir, por Dios?” Y Jesús le respondió: — “Comprende lo que yo digo: yo digo que el hombre, excepto la carne, está concebido también por el espíritu y por eso cualquier hombre está concebido también por la carne y el espíritu, y por eso cualquiera puede entrar en el reino de Dios. De la carne nace la carne. De la carne no puede nacer el espíritu; sólo el espíritu puede nacer del espíritu. El espíritu es lo que vive dentro de ti; vive libre y racionalmente y tú no sabes dónde está su inicio y su final. Y esto lo siente por dentro cualquier persona. (Issued for zolausa.info). Y entonces por qué te sorprende que te dijera que nosotros debemos ser encarnados por el cielo, por Dios, por el espíritu? Nicodemus dijo: — “De todos modos no creo que esto pueda ser así”. Entonces Jesús le dijo: — ¿Y entonces qué clase de maestro eres si no comprendes esto? Comprende que yo no te explico ninguna sabiduría, yo explico lo que sabemos nosotros, aseguro lo que vemos. ¿Cómo vas a creer en lo que hay en el cielo si tú no crees en lo que hay en la tierra, en el hombre hijo de Dios, el espíritu, aquel que precisamente es Dios? “Pues precisamente este mismo hijo de Dios  es como el hombre que hay que honrar, como ustedes honraban a Dios, como Moisés en el desierto enaltecía no a la carne de las serpientes, sino su imagen y esta imagen se convirtió en la salvación de la gente. Así mismo hay que honrar al hijo de Dios en el hombre, no la carne del hombre, sino al hijo de Dios en el hombre, para que la gente, apoyándose en él, ni conozcan la muerte y tengan una vida duradera en el reino de Dios”. Pues Dios no dio a su hijo para la muerte, sino para la bendición de la paz, a uno igual que él. El dio a su hijo para que cualquiera, apoyándose en él, no pereciera y tuviera una vida que no fuera temporal. Pues no para eso él trajo a su hijo, la vida en el mundo de la gente, no para destruir el mundo de la gente, sino que él después trajo a su hijo, la vida, para que el mundo de la gente viva de él en el reino de Dios”. Y el que se apoya en el hijo está en el reino de Dios, en el poder de Dios, y el que no se apoya se destruye a si mismo al no haberse apoyado en lo que es vida. La destrucción consiste en que la vida ha venido al mundo, pero la gente misma deja atrás a la vida.

La vida es la luz de la gente. La luz vino al mundo, pero la gente prefirió la penumbra a la luz y no van hacia la luz. La luz es la comprensión y por eso el que hace algo sin sentido quiere decir que ése se aleja de la luz del entendimiento para que no se vean sus asuntos y este se va del reino de Dios, del poder de Dios». Y el que vive en la verdad va hacia la luz para que se vean sus acciones y éste se queda en el poder de Dios”.

En las palabras a los fariseos y en la conversación con Nicodemus, Jesús Anuncia qué es lo que él entiende por reino de Dios y por Dios. Tanto Dios como el reino de Dios está en la gente. Dios es el inicio no carnal que da vida al hombre. Este germen no carnal él le llama hijo de Dios en el hombre, hijo humano. El hijo humano es la comprensión. A él hay que elevarlo, diosificarlo y vivir con él. La gente que hace tonterías sucumbe; la gente que hace la verdad, vive. El que vive en la comprensión no vive temporalmente; el que no vive en él, entonces no vive en sí, sino que sucumbe”.

¿Quién es este Dios Padre, es el creador de todo y no un Dios apartado del mundo, como antes lo entendían los hebreos? ¿Cómo comprender a este Dios, cuyo hijo está en el hombre y cómo entender su actitud hacia el hombre? A lo que Jesús responde con sabiduría.

“El reino de Dios hay que comprenderlo no como lo comprenden ustedes creyendo que para toda la gente en un momento determinado aparecerá el reino de Dios, sino que en todo el mundo siempre una gente, aquella que se apoya en el hijo de Dios, se hace hijo del reino; otros que no se apoyan en él, se destruyen”. Dios es el espíritu, el padre de aquel espíritu que está dentro del hombre aquel, y es el Dios y el padre sólo de aquéllos que reconocen ser sus hijos. Y por eso para Dios sólo existen aquellos que retuvieron dentro de si aquello que Dios les dio”.

Y comenzó Dios a relatarles sobre el reino de Dios explicándoselo con ejemplos. El dijo: “Dios Padre siempre en el mundo la vida de la comprensión al igual que el amo siembra las semillas en su campo. Él las siembra por todo el campo, sin analizar dónde cae cada una. Pues bien, caen unas semillas en el camino y vendrán los pájaros y las picotearán.

Otras caerán sobre las piedras y aunque germinen, se secarán, pues no tienen donde echar raíces. Y otras caerán sobre la hierba de San Juan, y la hierba aplastará el trigo y sólo saldrá una espiga que no se llenará. Y otras semillas caerán sobre tierra fértil, germinarán y crecerán en lugar de los granos perdidos, echarán espigas que se llenarán y una espiga dará cien granos, otras darán sesenta y otra, treinta”. “Pues así Dios sembró la comprensión en las gentes. En unas se perderá y en otra nacerá con creces y ellas formarán el reino de Dios. “Así el reino de Dios no es así como piensan ustedes, que vendrá y dominará a ustedes. Dios sólo siembra la comprensión y el reino de Dios estará en aquellos que lo acepten. Y el Dios no gobierna con gente”. Al igual que el amo tira las semillas en la tierra y no piensa sobre ellas; las semillas se hinchan, germinan, salen el verdor, el tallo, la espiga y los granos. Y sólo cuando se madura el amo envía las hoces para segar el trigal. “Así Dios le dio a su hijo el entendimiento, al mundo, y la comprensión crece sola en el mundo y los hijos del entendimiento componen el reino de Dios”. Al igual que una mujer pone en una amasadera la levadura y lo mezcla con la harina, ella no la remueve, sino que espera a que ella misma se fermente y se levante. Mientras la gente vive, Dios no se inmiscuye en sus vidas. Dios le dio al mundo la comprensión de por si vive en la gente y constituye el reino de Dios. Dios del espíritu es el Dios de la vida y de la bondad, y por eso para él no existe ni la muerte ni el mal. La muerte y el mal es para las gentes y no para el Dios.

“El reino de Dios es a lo que se le puede aplicar lo siguiente: el amo sembró buenas semillas en su campo. El amo es el espíritu de Dios, el campo es el mundo, las semillas son los hijos del reino de Dios. Pues el amo se acostó a dormir y vino el enemigo y sembró el campo con mala hierba. El enemigo es la tentación, la mala hierba son los hijos de la tentación. Pues bien, vinieron a ver al amo los trabajadores y le dicen: o tú  has sembrado malas semillas, pues en tu campo han germinado muchas malas hierbas. Mándanos a nosotros, pues si empiezan a escardar la mala hierba van a pisotear el trigo. Dejen que crezcan juntas, vendrá la siega, entonces le ordenaré a los segadores a que aparten la mala hierba y la quemaré, pero el trigo lo recogeré y los llevaré al cobertizo. La siega es el fin de la vida humana y los segadores son la fuerza de Dios. Y en cuanto queme la mala hierba y el trigo se limpie y se recoja, así en el final de la vida desaparece todo lo que era mentira de la época y quedará sólo la verdadera vida en el espíritu. Para Dios no hay mal engendro.

Dios cuida lo que él necesita, lo que es de él y lo que no es de él, no es para él.

“El reino de Dios es como una red, la red  la pasan por el mar para arrastrar diferentes peces y después, cuando la sacan, seleccionan los inservibles y los tiran al mar. Así será con el fin del mundo. La fuerza de Dios elegirá lo bueno y lo malo se tirará. Y en cuanto el terminó de hablar los discípulos empezaron a preguntarle como comprender estos proverbios. Y Jesús les dijo: — “Estos proverbios hay que comprenderlos de dos modos, pues yo los digo tomando en cuenta que hay unos discípulos como ustedes, los míos, que comprenden que el reino de Dios está dentro de cada uno, comprenden cómo entrar en él; otros no comprenden esto. Otros miran y no ven, escuchan y no comprenden, pues su corazón se ha endurecido.

“Pues bien, yo me expreso con parábolas a los dos, a unos y otros. A unos yo les explico que significa para Dios su reino, les explico que unos ingresan en el reino y otros no ingresan y ellos pueden comprenderlo. Y a ustedes yo les explico como entrar en el reino de Dios. Y ustedes miran y comprenden como es debido esta parábola sobre el sembrador. He aquí lo que significa la parábola para ustedes: “Cualquiera que escuche la doctrina sobre el reino de Dios, pero no la acepte en su corazón, a él vendrá la mentira que la destruirá en su corazón; ésta es la semilla sembrada en el camino. La semilla sembrada es la piedra es aquél que escuche la doctrina y con alegría la acepte. Pero no tiene él raíz, la acepta sólo por un tiempo y encuentra estreches, agravio por la doctrina y se enoja inmediatamente. En la hierba de San Juan sembrada tenemos a aquel que escucha la doctrina, pero las preocupaciones mundanas y la avaricia por la riqueza ahogan la doctrina y no da frutos. Mientras que  la tierra fértil es aquel que escucha la doctrina y comprende, el fruto germina, unos dan cien, otros dan sesenta y otros treinta. Por eso al que se mantiene se le da mucho y al que no se le quita lo último, Y por eso tenga cuidado como interpreta esta alegoría. Interprétela de manera tal que no se caiga en el engaño, en la tentación, en el enojo y traigan el fruto por sí solo, cien frutos, e ingresar en el reino de Dios.

“El reino divino en el alma crece de la nada, pero lo da todo. Es como una semilla de abedul, la más pequeña de los granos y que cuando germina se convierte en el árbol más grande y los pájaros celestiales tejen en él sus nidos”.

Después de esto vinieron los discípulos de Juan y le preguntaron a Dios si él era aquel sobre el que Juan decía que abría el reino de Dios y si renovaba él a la gente con el espíritu? Jesús les contestó diciéndoles: “Miren, escuchen y díganle a San Juan si ha llegado el reino de Dios y si se renuevan las gentes con el espíritu. Relátenle como yo predigo el reino de Dios. En las profecías se dice que cuando llegue el reino de Dios todas las gentes serán felices; bueno, y díganle ustedes que mi reino de Dios es tal, que los pobres son felices y que cualquiera que me escuche se siente feliz”. Y dejando marchar a los discípulos de Juan, Jesús comenzó a Anunciar al pueblo que reino dividido anunció Juan. Al dijo: “Cuando ustedes fueron a santiguarse a donde Juan en el desierto, ¿qué esperaban ver allá? Si ustedes hubieran querido ver a un hombre vestido con ropa rica, gente así, en realidad, vive en palacios. ¿Entonces que es lo que no han visto ustedes en el desierto? ¿Ustedes piensan que fueron porque Juan era un profeta? No piensen esto. Juan no era un profeta, sino que los profetas escribían sobre él. Él era el que anunciaba la llegada del reino de Dios. Es cierto, les digo: no ha nacido un hombre más que Juan. Él era el que estaba en el reino de Dios y por eso estaba por encima de todos. La ley y los profetas eran necesarios antes que San Juan. Y después que san Juan y hasta el momento se anuncia que el reino de Dios está en la tierra y el que se esfuerce entrará en él.

Los fueristas y los fariseos no entendieron lo que anunciaba San Juan. Y ellos no lo consideraron para nada. Esta especie, es decir, los fueristas y los fariseos, sólo consideran verdadero lo que ellos inventan. Ellos machacan su ley y escuchan unos a los otros. No escuchan lo que dijo San Juan, lo que digo yo no lo escuchan y no lo comprenden. De lo que dijo San Juan ellos sólo comprendieron que él ayunó en el desierto y dicen: el demonio está en él. De lo que yo digo ellos sólo comprendieron que yo no ayuno y dicen: el come y bebe con los rentistas y los bigardos. Ellos, al igual que niños en la calle, charlan unos con los otros y se sorprenden de que nadie les escuche. Su sabiduría se ve por lo que hacen. En efecto, todo lo que yo enseño a hacer, todo es fácil y sencillo, pues el reino de Dios se anuncia como una bienaventuranza”.

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