El cumplimiento de la ley da la verdadera vida

3 декабря 2014
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El cumplimiento de la ley da la verdadera vida.

Jesús le tenía lástima a la gente porque ésta moría sin saber en qué consistía la verdadera vida y se agitaban y se atormentaban sin saber el porqué, como si fueran ovejas abandonadas sin pastor. Y Jesús le dice a la gente: todos ustedes se preocupan por los bienes carnales, se han echado una carga muy difícil de llevar, y se han puesto un yugo que no está a su medida. Comprendan mi teoría, síganla, y así conocerán el sosiego y la alegría de la vida.

Yo les entrego a ustedes otro yugo y otra carga, es decir, les doy la vida espiritual. Pónganselo y ustedes aprenderán de mí la tranquilidad y la felicidad. Hay que ser humilde y piadoso de corazón y así encontrarán la alegría en la vida propia, pues mi teoría es un yugo hecho a la medida para ustedes y el cumplimiento de mi teoría es una carga ligera según sus fuerzas.

Y Jesús andaba por las ciudades y pueblos y enseñaba a todos a gozar de la alegría de la vida por la voluntad de Dios. Después él eligió entre sus más allegados a setenta personas y les envió a aquellos lugares donde él mismo hubiera querido estar. Él les dijo: mucha gente no conoce en qué consiste el bienestar de la vida verdadera, me da lástima con todos y quiero enseñar a todos, pero como dueño me falta tener mi campo para obtener una buena siembra y así no me dará tiempo. Vayan ustedes por diferentes ciudades y anuncien por doquier la llegada de Dios y la ley de Dios.

Digan que para la alegría hay que ser vagabundo, que toda la ley está en cinco reglas contra lo malo: 1. no enojarse, 2. no llevar una vida licenciosa, 3. no jurar, no prometer nada, 4. no salir al encuentro del mal, no litigar, y 5. no hacer diferencia de la gente y no considerar en nada a los reyes y sus reinados.

Y por eso cumplan en todo estas reglas. Ante todo sean ustedes vagabundos,  no traigan nada consigo, ni saco, ni pan, ni dinero. Sólo la ropa en el cuerpo y el calzado. Hagan público la dicha de los pobres y por eso ante todo, sean ustedes ejemplos de miseria. (Issued for zolausa.info). No elijan a los amos a donde ir. Entren en la primera casa a donde lleguen y quédense en ella. Cuando lleguen a la casa, saluden a los dueños. Si les aceptan, está bien, y si no les aceptan, váyanse a otra. A ustedes les odiarán por lo que van a decir, y les atacarán y les acosarán. Y cuando les expulsen, vayan ustedes a otro pueblo, y si les expulsan de este pueblo, vayan a otro. Les van a acosar igual que los lobos acosan a las ovejas, pero no se apoquen y no se debiliten hasta el último momento.  También les llevarán a los tribunales y les van a juzgar, y les van a fustigar, les van a llevar a donde los jefes para que ustedes se justifiquen ante ellos. Y cuando a ustedes les lleven a los tribunales, no se debiliten y no inventen qué decir. El espíritu de Dios les dirá lo que hay que hacer. Y sin haber ido por todas las ciudades ya habrán entendido su doctrina y se dirigirán a ustedes. Así que no teman; lo que está oculto en las almas de las gentes se pondrá de relieve. Lo que ustedes digan a dos o a tres se propagará entre miles. Y lo principal es que no teman a aquellas que puedan matar su cuerpo. Bueno, no tiene nada que ver que maten a su cuerpo, pues ellos no podrán hacerle nada a sus almas. Así que no les tengan miedo. Teman a que se destruyan el cuerpo y el alma si ustedes incumplen la ley; esto es a lo que ustedes deben tener miedo. Por un centavo dan cinco gorriones y estos no morirán sin la voluntad de Dios. Ni un pelo de la cabeza se cae sin la voluntad de Dios, así que no tienen a qué temer si ustedes están dentro de la voluntad de Dios. Aquel que entre la gente esté con la voluntad de Dios, sólo con esto será Dios, y el que de entre la gente renuncie a la voluntad de Dios, entonces Dios renunciará a él.

No todos creen en mi doctrina de que hay que ser miserables, vagabundos, de que no hay que enojarse, llevar una vida licenciosa, jurar, juzgar, juzgarse, luchar. Y aquellos que no lo crean odiarán mi doctrina, pues ésta les priva de lo que ellos aman y provoca la discordia. Mi doctrina encenderá al mundo como al fuego. Y por eso no habrá discordia en el mundo. Habrá discordia en cada casa. El padre con el hijo, la madre con la hija y toda la familia convertirán en odiosos a aquellos que comprendan mi doctrina. Y les asesinarán. Porque para aquel que comprenda mi doctrina no significará nada ni el padre, ni la madre, ni la esposa, ni los hijos, ni toda su fortuna. Aquel para el cual el padre o la madre tienen más valor que mi doctrina, no ha comprendido mi doctrina. Aquel que cada vez no esté dispuesto  a recibir diferentes torturas carnales, ése no es discípulo. Aquel que va a preocuparse de esta vida carnal, acabará con la verdadera vida; y el que acabe con esta vida carnal según mi doctrina, éste salvará su vida.

Setenta discípulos salieron por las ciudades y pueblos e hicieron lo que Jesús les indicó. Cuando ellos regresaron, le dijeron con alegría a Jesús: la doctrina diabólica sobre la soberbia, la fornicación, el juramento, los tribunales, las guerras, nos cede el camino por doquier. Y Jesús les dijo: no se alegren de que el mal está cediendo a ustedes, alégrense de que ustedes están en la voluntad de Dios.

Y entonces se alegró Jesús por la fuerza del espíritu y dijo: en que mis discípulos me hayan comprendido y en que ellos dominen el mal, veo que tú eres el espíritu superior, el principio de todo, el verdadero Padre de la gente, pues lo que no pudieron comprender los sabios y los científicos con toda su sabiduría, lo comprendió la gente sencilla sólo con reconocer que son hijos de Dios. Y tú, como Padre, con amor entre el Padre y el hijo, le has abierto todo. Todo lo que necesita saber la persona, todo esto se le ha abierto con amor del padre hacia el hijo y del hijo hacia el padre. Sólo aquel que se considere hijo, será reconocido por el padre. Y después llegó Jesús con los discípulos a una casa y se concentró tanta gente dentro de ésta, que no podían ni comer.

Y vinieron sus familiares y querían cogerle, pues pensaron que él se había vuelto loco. Tanto los bibliófilos como los fariseos llegaron de Jerusalén y dijeron: se ha vuelto loco, él quiere arreglar un gran mal con un mal menor. Para que no haya miserables, él quiere hacerlos a todos miserables, y para que no castiguen a nadie y para que los forasteros asesinen a todos, y para no luchar, y entonces los enemigos asesinan a todos.

Y él dijo: ustedes dicen que mi doctrina es un mal y al mismo tiempo ustedes dicen que yo destruyo el mal. Esto no puede ser, con el mal no se puede destruir el mal. Si yo destruyo el mal, entonces mi doctrina no puede ser un mal, pues el mal no puede ir contra uno mismo. Si el mal fuese contra si mismo, no habría mal. Ustedes mismos por su ley expulsan el mal. ¿Con qué lo expulsan a ustedes? Con la ley de Moisés, que es la ley de Dios.

Yo no expulso el mal con el espíritu de Dios, con aquel mismo que estaba y está dentro de ustedes. Sólo de ese modo puedo expulsar el mal. Y el hecho de que el mal se expulsa es una muestra de que mi doctrina es verdadera, que lleva dentro al espíritu de Dios, que es más fuerte que la lujuria carnal. De no ser así, no sería posible vencer la lujuria del mal, al igual que no se puede penetrar en la casa del fuerte y asaltarla. Para asaltar la casa del fuerte ante todo hay que atarlo. Así le gente está atada por el espíritu de Dios. Aquel que no esté conmigo por la misma causa, es mi enemigo. Aquel que no recoja la cosecha en el campo, sólo la deja caer en la tierra, pues el que no esté conmigo en la misma causa, no está con el espíritu de Dios y es enemigo de este espíritu.

Y por eso les digo que cualquier error humano y cualquier interpretación errónea no se aperciben, pero cualquier interpretación errónea del espíritu de Dios se reflejará en la gente. Si alguien dice una palabra contra el hombre, todavía no es nada, pero si alguien dice una palabra en contra de lo sagrado en la persona, sobre el espíritu de Dios, pues esto no le pasará en vano, puede calumniarme cuanto quiera, pero no denomine de mal aquel bien que hago yo. No puede pasar por desapercibido a la persona que denomine de bien al mal, es decir, aquellas cosas que yo hago.

O usted considera el árbol bueno y su fruto bueno, o usted considera el árbol malo y su fruto malo, pues por el árbol se valora el fruto. Usted ve que yo expulso el mal, quiere decir que mi doctrina es el bien. Quien quiera que sea, que expulse el mal, éste, independientemente de cuál sea su doctrina, no puede estar en contra de nosotros, y él está con nosotros, pues el mal sólo se puede expulsar con el espíritu de Dios. Después de esto vino Jesús a la fiesta de Jerusalén. Aquí se celebraban los baños. Y decían de estos baños que parecía que en ellos entraba un ángel y que por eso el agua empezaba a hacer visos y que el primero que entrara en los baños después que el agua se agite, mejoraría de salud independientemente del mal que padeciera. Se instalaron cobertizos al lado de los baños. Debajo del cobertizo yacían varios enfermos esperando a que el agua se agitara en los baños para sumergirse en ella. Jesús vino a los baños y vio que bajo el cobertizo yacía un hombre. Jesús le preguntó que quién era él y el hombre le contó que hacía 38 años que estaba enfermo y que seguía esperando para ser el primero en entrar en los baños cuando el agua se agitara, pero que no había podido entrar, pues todos entraban en el agua antes que él. Jesús le miró y le dijo: en vano esperas un milagro del ángel; los milagros no existen. Hay sólo un milagro y es el que Dios le dio la vida a la gente y hay que vivir con todas las fuerzas. No esperes nada aquí en los baños, recoge tu lecho y vive según Dios con tantas fuerzas como él te dé. El enfermo le escuchó, se levantó y se echó a andar.  Entonces Jesús le dijo: bueno, ves, tienes fuerzas, ten cuidado, no continúes creyendo en estas mentiras, no te equivoques así en el futuro y vive con todas las fuerzas que Dios te dio. Y salió esa persona y les contó a todos lo que le había pasado a él. Y se enojaron todos aquellos que inventaron la mentira de los baños y se enriquecían con ella y no sabían como descargar su crueldad y meterse con el enfermo y con Jesús por el hecho de que él había descubierto su mentira. Repararon también al hecho de que había sido sábado y por ley el sábado no se podía trabajar. Ellos primero se metieron con el enfermo y le dijeron: ¿cómo te has atrevido a recoger tu lecho un sábado? El sábado no se puede trabajar. El enfermo le dice: el que me levantó me ordenó recoger el lecho. Ellos dijeron: ¿quién te levantó?  Y el dijo: no sé. Una persona se acercó y se marchó. Los fariseos alcanzaron a Jesús y le dijeron: ¿cómo pudiste decirle a un hombre que se levantara y recogiera el lecho el sábado? A lo que Jesús les contestó: Dios, mi Padre, nunca deja de trabajar y yo nunca dejo de trabajar, los días entresemana y el sábado. No es el sábado quien ha hecho al hombre, sino el hombre ha hecho el sábado. Entonces los hebreos le insultaron mucho más porque él llamó Padre a su Dios. Y comenzaron a atacarle y Jesús les respondía: el hombre no podría hacer nada sólo si no fuera por Dios. El Padre, quien es el espíritu de Dios en la persona, no le señalaba lo que debía hacer. Dios es el Padre del hombre, siempre vive y actúa, y el hombre siempre vive y actúa, y el hombre siempre vive y actúa. Dios, el Padre, les dio a la gente el sentido de la vida para su bienestar, y al enseñar al hombre qué era el bien y qué era el mal, el deja al hombre que obre y después, que la gente respete el espíritu de Dios, le obedezcan igual que ellos respetan a Dios y le obedecen. Quien no respeta en sí al espíritu de Dios, tampoco respeta a Dios.

Comprenda usted, que aquel que se entregó totalmente a mi doctrina, elevó en sí el espíritu y en él considera su vida; no tiene una vida temporal y ya está librado de la muerte. Claro, que ahora los muertos, al comprender el sentido de su vida, que ellos son hijos de Dios, van a vivir. Porque al igual que el padre está vivo en sí, el hijo está vivo por sí mismo. La libertad de elección consiste en que el hombre lleva dentro el espíritu de Dios y esto es todo el hombre. No se sorprendan con esta doctrina; ya ha llegado la hora en que los mortales se dividirán. Y unos, aquellos que hacen el bien, encontrarán la vida, y aquellos que hacen el mal, se destruirán.

Yo no puedo elegir nada por mí mismo, pero elijo aquello que entendí del Padre. Mi elección es justa si yo no me mantengo por mi deseo, sino por el sentido en que yo entendía a Dios. Si yo asegurara que yo sólo tengo la razón porque yo lo quiero así, usted podría dejar de creerme. Pero otro asegura sobre mí que hago la verdad. Este es el espíritu de Dios y usted sabe que su afirmación es cierta.

Por mis faenas usted ve que el Padre me ha enviado. Y el Padre-Dios enseñaba y enseña sobre mí en sus almas y en la Escritura sagrada. Ustedes no comprendían su voz y no la comprenden, y no lo conocían y no lo conocen. Y no tienen ustedes en sí una firme comprensión de él, pues no creen a quién el envió, al espíritu de Dios en sus almas. Profundicen en sus escrituras; ustedes piensan encontrar en ellas la vida, ustedes encontrarán allí sobre el espíritu de Dios en ustedes mismos. Y ustedes no quieren creerme que van a tener la vida. Yo no considero que ustedes rezan en sus templos y cumplen los ayunos y los sábados según las leyes humanas, pero el amor real hacia el Dios real no existe en ustedes. Yo les enseño a ustedes en nombre de mi padre y del suyo, pero ustedes no me comprenden y si alguien les va a enseñar en su nombre, ustedes le creerán. ¿En qué podrán confiar ustedes cuando se escuchan uno al otro, pero no buscan una doctrina de alguien como Dios, como el hijo? Yo no sólo les enseño que ustedes no tienen la razón ante Dios. El mismo Moisés, en el que ustedes confían, les enseña a ustedes que no tienen la razón y no le comprenden. Si ustedes confiaran en lo que dijo Moisés, entonces ustedes confiarían en lo que yo digo. Si ustedes no confían en su escritura, entonces ustedes no confiarán en mi doctrina.

Y además, para que ellos comprendieran esto y no pensaran que entrar en la voluntad de Dios se puede sin hacer esfuerzos, él les dijo una alegoría: sólo el rey recibió un reino. Para que él recibiera este reino el rey tuvo que ausentarse del reino por un tiempo.  Pues el rey se marchó, pero antes de partir él le repartió su hacienda entre sus súbditos, a cada uno según sus fuerzas: a unos, 5 grivnas; a otros, dos; a otros más, una; y después les ordenó que trabajaran sin él y que sacarán de ese dinero lo que pudiera cada uno. Pues en cuanto se marchó el rey cada uno comenzó a hacer con la hacienda lo que estimara conveniente. Unos comenzaron a trabajar y con cinco grivnas se ganaron otras cinco; otros se ganaron diez grivnas con una grivna; los terceros se ganaron dos grivnas con dos, y otros le sacaron cinco grivnas a una; otro le sacó una grivna a otra grivna; pero otros no le sacaron nada al dinero del amo, cogieron y enterraron en la tierra lo que habían recibido del rey y no se ganaron nada. El que cogió cinco grivnas se quedó con cinco, el que cogió dos y una, se quedó con dos y una. Y los terceros, de contra que no trabajaban en la hacienda del rey, enviaron a uno a donde éste para decirle que no querían estar bajo su poder. Llegó el momento cuando el rey regresó a su reino y llamó a todos los súbditos a que rindieran cuenta, a que le informaran que hizo cada uno con lo que les había dado el rey: Y vino un trabajador, aquel al que le habían dado cinco grivnas y dice: con cinco grivnas yo me gané otras cinco más. Después vino otro a quien se le había dado una grivna y dice: pues con una grivna yo me gané diez. Seguidamente vino aquel al que el rey le había dado dos grivnas y trajo otras dos. Después aquel, al que le habían dado una, trajo otras cinco. Aquel que había recibido una, trajo otra más. El dueño alabó a todos por igual y les premió por igual. El les dijo a todos por igual: veo que ustedes son buenos y fieles trabajadores, ustedes multiplicaron mi bienestar, y por eso yo les acepto a todos ustedes por igual en mi hacienda. Vamos a ser dueños todos juntos. Después vinieron aquellos súbditos que no multiplicaron el bienestar del amo. Y uno de ellos dijo: ¡Señor!, tú me diste una grivna cuando te marchaste. Yo sé que tú eres estricto y quieres tomar de nosotros lo que no nos has dado. Yo te tenía miedo y por eso escondí tu grivna. Aquí la tienes intacta. Te devuelvo lo que me habías dado. Y otro de ellos, quien había recibido cinco grivnas, al igual que otro que había recibido diez grivnas, le devolvieron el dinero al amo y le dijeron lo mismo. Entonces el rey les dijo: ustedes son gente tonta. Ustedes dicen que habían escondido sus grivnas en la tierra y no trabajaron para multiplicarlas. Si ustedes sabían que yo era estricto y que tomaría lo que no había dado, entonces, ¿por qué ustedes no intentaron hacer lo que yo había ordenado? Si ustedes hubieran trabajado para multiplicar mi grivna, la hacienda se hubiera agrandado y hubieran cumplido con todo lo ordenado por mí y posiblemente yo les hubiera perdonado y no hubiera sido peor para ustedes. Y ahora ustedes siguen bajo mi poder. Y le retiró el dueño las grivnas a aquellos que no quisieron multiplicar la riqueza con ellas y les ordenó a los sirvientes dársela a aquellos que más habían ganado. Y entonces los sirvientes dijeron: ¡Amo!, ellos ya tienen suficiente. Y el rey dijo: denle a aquellos que ganaron algo para mí, porque el que cuida lo que hay, ganará más y a aquel que no cuida lo que tiene se le quitará lo último que tiene. Y expulse a estos trabajadores tontos y vagos para que no los vea más y a aquellos que fueron enviados a por mí para decirme que no querían estar bajo mi poder, también expúlsenlos de aquí para que tampoco los vea.

El rey es el inicio de la vida, el espíritu. El mundo es su reino, pero él mismo no dirige este mundo como un aldeano sembró el grano y lo dejó solo, salió, naturalmente, el tallo, salieron las espigas y los granos. La grivna es la comprensión en cada persona. El espíritu de Dios puso en la gente la comprensión y les deja vivir solos por su voluntad. Dios no arregla nada por sí mismo y, una vez que enseñó todo al hombre, le deja que arregle todo por sí mismo. No a todos le fueron entregadas las grivnas por igual, pero a cada uno se las entregaron según su fuerza. No a todos se les dio la comprensión por igual, pero se les dio y para Dios no hay mayor y menor. Dios sólo necesita trabajar en la comprensión. Unos trabajan con la grivna del amo, otros no trabajan para el amo y los terceros no trabajan y no reconocen al amo. Unos viven con la comprensión y otros no viven con esta, pero yace en ella firmemente; los terceros no la reconocen. El amo regresó y pidió cuentas. Es la muerte temporal y el ajuste de cuentas de la vida.  Unos vienen y dicen que ellos trabajaron con la grivna, ellos entran en la vida del amo. Y el amo no calcula quién ganó más y quién ganó menos. Todos se hacen participantes de la vida del amo por igual. El que acepta la comprensión es el que tiene la vida. El que tiene la comprensión y se fió en el que le envió, no tiene una vida temporal y no conoce la muerte y se convirtió en la vida. Otros vienen y dicen que ellos no le sacan nada a la grivna, no renuncian a ella, pero dicen que no hay motivo para trabajar porque aunque trabajes o no trabajes les espera el castigo. Ellos conocen la crueldad del amo. Otra gente tiene la comprensión, pero no se apoyan en ella. Ellos dicen: aunque trabajes o no trabajes te morirás de todos modos y no quedará nada, por eso no hay nada que hacer con ellos. A lo que el rey dijo: si tú sabes que yo soy estricto, aún más había que cumplir mi voluntad. ¿Por qué tú no intentaste hacerlo, ah? Si la gente sabe que la muerte temporal es inevitable, entonces ¿por qué no intentar vivir cumpliendo la voluntad de Dios en la comprensión? Y el rey dice: quítenles la grivna y dénsela a aquellos que ya tienen. Al rey le da lo mismo quién tiene grivnas, lo importante es que las tengan.  Al igual que de qué grano saldrá la espiga siempre que haya cosecha. Si la comprensión da la vida a la gente por la voluntad de ellos, entonces la gente que no la tiene no pueden vivir y se ponen fuera de la vida. Y después de la muerte temporal no queda nada de ellos. A aquella gente que no reconocen la autoridad del rey, éste les dice: expulse a éstos también. Y otra gente más, aquella no sólo no trabaja en la comprensión y en la vida, sino que desprecia a aquel Padre del espíritu que se lo dio, aquella gente tampoco puede vivir y también se destruye con la muerte.

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